Continuando con la línea de tiempo que venimos viendo, en esta oportunidad nos ubicaremos en la época del virreinato del Perú. Como sabemos, los españoles, desde que llegaron, impusieron sus normas, costumbres, entre otras. En esta época, bajo el gobierno del virrey Francisco de Toledo, por orden del rey Felipe II de España, se creó en el Perú el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Lima.[1]
La Santa Inquisición, además de tener un orden religioso, tenía intenciones en el aspecto ideológico y político. De manera que buscaba controlar a la población para evitar sorpresas en la sociedad.
“El tribunal limeño se encargó de calificar diversos delitos entre los que destacan los de fe, pero por su número las faltas morales son las más recurrentes y nos muestran una institución que además de vigilar los asuntos de la fe asumió el papel de censor de la moralidad publica y privada” (Gutierrez 2005:783)
El Santo Oficio es conocido por los severos castigos que aplicaban a quienes cometían algún delito. Estos castigos dependían según el delito del malhechor. Para entender mejor esto último, dividiremos los delitos en dos grupos. Primero los delitos contra la fe y segundo los delitos contra la moral.
“Asumiendo que la misión principal de la Iglesia Católica es la conservación de la fe, el tribunal limeño tuvo como principal función la vigilancia de la fe y la corrección de los errores en la preservación de la ortodoxia y hegemonía Católica (…)” (Gutierrez 2005:783)
Entre los delitos contra la fe estaban las proposiciones, el alumbradismo[2] y las herejías. Las proposiciones eran opiniones que atentaban contra los dogmas de la Iglesia. Estos podían ser contra la fe, o erótico-sexuales. Este delito era sancionado con el máximo castigo, la pena de muerte en circunstancias extremas, de otra manera con el destierro, la cárcel, las galeras[3], los azotes.
“(…) En casos extremos los líderes de estos grupos fueron condenados a muerte, como fue el importante caso del fraile dominico Francisco de la Cruz, cuya doctrina además de ser herética se planteó como subversiva al orden político y social (…)” (Gutierrez 2005:784)
“(…) Como grupos de creyentes se reunían clandestinamente y combinaban su ascetismo con desbordes de sensualidad que llegaban a verdaderas orgias (…)” (Ayllón 1997:170)
Con respecto a las herejías, estas se podían separar en dos: herejías judaizantes y herejías luteranas. En el primer caso, eran considerados herejes judaizantes a los judíos que a pesar de haber sido convertidos al cristianismo, conservaban en secreto sus costumbres y rituales judías. A los marranos, que es como se les llamaban, se les podía castigar con la expropiación de bienes y con violencia física, la cual podía terminar en la hoguera. En el segundo caso, los herejes luteranos eran aquellos que seguían las ideas reformistas de Martin Lutero. A estos se les castigaba con la hoguera, en caso contrario iban a la cárcel con cadena perpetua o a las galeras.
“Baltasar de Lucena, mercader de 20 años, que en plena quiebra de sus negocios fue aprendido en Potosí acusado por una mujer de guardar las costumbres judías del ayuno sabático, luego de negarse, el tormento lo reafirmó en su fe y fue quemado (…)” (Castañeda y Hernández 1989:433)
Por otro lado, entre los delitos contra la moral se encuentran aquellos que atentan contra los principios y valores establecidos por la cultura católica. Los delitos morales que juzgaba la Santa Inquisición fueron: la blasfemia, la bigamia, las supersticiones y los delitos del clero.
Las blasfemias fueron afirmaciones injuriosas contra Dios, la Virgen o los santos. Estas podían ser heréticas, cuando provenían de alguna proposición herética; y simples, cuando estas eran cusa de la ira del momento. Las blasfemias heréticas eran sancionadas severamente por las autoridades civiles: mutilaciones, azotes, galeras, prisión, destierros, confiscaciones e incluso la hoguera; en cambio las blasfemias simples eran castigadas por el Tribunal: humillación, azotes, destierro.[4]
La bigamia consistía en el estado de un hombre o mujer casado con dos parejas a la misma vez. Este delito era uno de los más perseguidos y el acusado era humillado públicamente, recibía azotes, podía ser desterrado, y pagar su condena con la galera.[5]
Las supersticiones eran prácticas que iban en contra de la religión católica: la adivinación, la astrología, los pactos con el demonio, la magia, la invocación, la brujería, la idolatría, entre otros. Los castigos que recibían quienes cometían estas malas prácticas podían ser humillados públicamente, azotados, multados y desterrados.[6]
Los delitos del clero eran aquellos que iban en contra de la moral y a los votos eclesiásticos. Entre estos eran considerados la solicitación, la falsa celebración y el matrimonio simulado. En el caso de la solicitación, los casos leves eran penados con la abjuración[7], la prohibición de confesar mujeres, administrar sacramentos. Los casos graves eran sancionados con oraciones, ayunos, multas, la cárcel y destierros. En el caso de la falsa celebración, los castigos podían ser destierros, galeras y humillación pública. En el caso del matrimonio simulado, las sanciones eran castigos físicos, galeras, destierros, cárcel.[8]
A continuación, mostraremos unos datos estadísticos extraíodos de la obra de Gutierrez que nos sirven para poder observar como se manejaban los casos y en que cantidad en cierto periodo de tiempo.
La Santa Inquisición, además de tener un orden religioso, tenía intenciones en el aspecto ideológico y político. De manera que buscaba controlar a la población para evitar sorpresas en la sociedad.
“El tribunal limeño se encargó de calificar diversos delitos entre los que destacan los de fe, pero por su número las faltas morales son las más recurrentes y nos muestran una institución que además de vigilar los asuntos de la fe asumió el papel de censor de la moralidad publica y privada” (Gutierrez 2005:783)
El Santo Oficio es conocido por los severos castigos que aplicaban a quienes cometían algún delito. Estos castigos dependían según el delito del malhechor. Para entender mejor esto último, dividiremos los delitos en dos grupos. Primero los delitos contra la fe y segundo los delitos contra la moral.
“Asumiendo que la misión principal de la Iglesia Católica es la conservación de la fe, el tribunal limeño tuvo como principal función la vigilancia de la fe y la corrección de los errores en la preservación de la ortodoxia y hegemonía Católica (…)” (Gutierrez 2005:783)
Entre los delitos contra la fe estaban las proposiciones, el alumbradismo[2] y las herejías. Las proposiciones eran opiniones que atentaban contra los dogmas de la Iglesia. Estos podían ser contra la fe, o erótico-sexuales. Este delito era sancionado con el máximo castigo, la pena de muerte en circunstancias extremas, de otra manera con el destierro, la cárcel, las galeras[3], los azotes.
“(…) En casos extremos los líderes de estos grupos fueron condenados a muerte, como fue el importante caso del fraile dominico Francisco de la Cruz, cuya doctrina además de ser herética se planteó como subversiva al orden político y social (…)” (Gutierrez 2005:784)
“(…) Como grupos de creyentes se reunían clandestinamente y combinaban su ascetismo con desbordes de sensualidad que llegaban a verdaderas orgias (…)” (Ayllón 1997:170)
Con respecto a las herejías, estas se podían separar en dos: herejías judaizantes y herejías luteranas. En el primer caso, eran considerados herejes judaizantes a los judíos que a pesar de haber sido convertidos al cristianismo, conservaban en secreto sus costumbres y rituales judías. A los marranos, que es como se les llamaban, se les podía castigar con la expropiación de bienes y con violencia física, la cual podía terminar en la hoguera. En el segundo caso, los herejes luteranos eran aquellos que seguían las ideas reformistas de Martin Lutero. A estos se les castigaba con la hoguera, en caso contrario iban a la cárcel con cadena perpetua o a las galeras.
“Baltasar de Lucena, mercader de 20 años, que en plena quiebra de sus negocios fue aprendido en Potosí acusado por una mujer de guardar las costumbres judías del ayuno sabático, luego de negarse, el tormento lo reafirmó en su fe y fue quemado (…)” (Castañeda y Hernández 1989:433)
Por otro lado, entre los delitos contra la moral se encuentran aquellos que atentan contra los principios y valores establecidos por la cultura católica. Los delitos morales que juzgaba la Santa Inquisición fueron: la blasfemia, la bigamia, las supersticiones y los delitos del clero.
Las blasfemias fueron afirmaciones injuriosas contra Dios, la Virgen o los santos. Estas podían ser heréticas, cuando provenían de alguna proposición herética; y simples, cuando estas eran cusa de la ira del momento. Las blasfemias heréticas eran sancionadas severamente por las autoridades civiles: mutilaciones, azotes, galeras, prisión, destierros, confiscaciones e incluso la hoguera; en cambio las blasfemias simples eran castigadas por el Tribunal: humillación, azotes, destierro.[4]
La bigamia consistía en el estado de un hombre o mujer casado con dos parejas a la misma vez. Este delito era uno de los más perseguidos y el acusado era humillado públicamente, recibía azotes, podía ser desterrado, y pagar su condena con la galera.[5]
Las supersticiones eran prácticas que iban en contra de la religión católica: la adivinación, la astrología, los pactos con el demonio, la magia, la invocación, la brujería, la idolatría, entre otros. Los castigos que recibían quienes cometían estas malas prácticas podían ser humillados públicamente, azotados, multados y desterrados.[6]
Los delitos del clero eran aquellos que iban en contra de la moral y a los votos eclesiásticos. Entre estos eran considerados la solicitación, la falsa celebración y el matrimonio simulado. En el caso de la solicitación, los casos leves eran penados con la abjuración[7], la prohibición de confesar mujeres, administrar sacramentos. Los casos graves eran sancionados con oraciones, ayunos, multas, la cárcel y destierros. En el caso de la falsa celebración, los castigos podían ser destierros, galeras y humillación pública. En el caso del matrimonio simulado, las sanciones eran castigos físicos, galeras, destierros, cárcel.[8]
A continuación, mostraremos unos datos estadísticos extraíodos de la obra de Gutierrez que nos sirven para poder observar como se manejaban los casos y en que cantidad en cierto periodo de tiempo.
Estructura Delictiva (1570-1600)
TIPOLOGIA DE LOS PROCESOS %
Delitos contra la fe (luteranos, judaizantes, moriscos, etc) 13.27
Expresiones malsonantes (blasfemos, renegados, etc.) 30.18
Delitos sexuales (bígamos, solicitantes, etc.) 28.00
Contra el Santo Oficio 4.63
Prácticas supersticiosas (invocaciones al demonio, hechicería, quiromancia, etc) 7.65
Otros delitos (no específicos) 16.27
Informacion tomada de Lima en el Siglo XVI Gutierrez, 2005
TIPOLOGIA DE LOS PROCESOS %
Delitos contra la fe (luteranos, judaizantes, moriscos, etc) 13.27
Expresiones malsonantes (blasfemos, renegados, etc.) 30.18
Delitos sexuales (bígamos, solicitantes, etc.) 28.00
Contra el Santo Oficio 4.63
Prácticas supersticiosas (invocaciones al demonio, hechicería, quiromancia, etc) 7.65
Otros delitos (no específicos) 16.27
Informacion tomada de Lima en el Siglo XVI Gutierrez, 2005
Tipología de las Causas (1621-1700)
TIPOS DE DELITOS ENCAUSADOS
Judaizantes 137
Luteranos 6
Proposiciones 31
Bígamos 90
Solicitantes 8
Sortilegios 7
Contra el Santo Oficio 16
Varios 30
Total 395
Informacion tomada de Lima en el Siglo XVI Gutierrez, 2005
Informacion tomada de Lima en el Siglo XVI Gutierrez, 2005
Como podemos ver, en la época del virreynato las normas eran muy estrictas y los castigos muy severos, dependiendo del crimen cometido. Esto servía para así poder mantener el orden; pero, ¿será necesario llegar a casos extremos, como la muerte, para poder hacer cumplir las leyes?
BIBLIOGRAFIA
GUTIERREZ, Laura (2005) Lima en el Siglo XVI
CASTAÑEDA Y HERNANDEZ (1989) La Inquisición de Lima: 1570-1635
www.congreso.gob.pe/museo/inquisicion/casas-inquisicion.pdf
www.redescolar.ilce.edu.mx
http://www.ciudadania-express.com/
http://www.web.educastur.princast.es/
[1] Cfr. Gutierrez 2005:755
[2] Movimiento religioso considerado herético y relacionado al protestantismo
[3] Era una pena que consistía en remar en los barcos (galeras) del rey
[4] Cfr. Gutierrez 2005:786
[5] Cfr. Castañeda y Hernández 1989:CAP IX
[6] Cfr. Castañeda y Hernández 1989:CAPX
[7] Renunciar a sus funciones públicamente
[8] Cfr. Castañeda y Hernández 1989:399-413
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